ANÁLISIS

Análisis Diablo III: adicción en estado puro


Diablo III Reaper of Souls Ultimate Evil Edition (a partir de ahora D3 para no haceros sufrir con un título tan largo) ha llegado por fin a las consolas de nueva generación. Lo hace después de pasar por las de la generación pasada (PS3 y Xbox 360). Ya esa aparición tenía algo de rareza, porque era la primera vez que la franquicia de Blizzard llegaba a consolas. El anuncio tuvo lugar en el E3 de 2013, dejando a los entusiastas de la saga (sobre todo) y al público en general con muchas ansias de comprobar cómo el estudio iba a transferir una franquicia de tanto éxito a consolas de sobremesa. El inicio no estuvo mal y las versiones de la anterior generación cosecharon buenas críticas. No obstante, faltaba el momento de ver D3 en consolas a 60 frames y 1080p. Para ello hubo que esperar casi un año, hasta el 19 de agosto. Y llegó el momento.

Los efectos al pelear son uno de los grandes atractivos

Los efectos al pelear son uno de los grandes atractivos

D3 es un juego especial, no solo por la historia de la serie, sino porque tiene el privilegio de ser la versión definitiva (la ultimate) tal y como dice su nombre. Es el D3 que salió en PC hace más de un año más la expansión Reaper of Souls. Y no solo eso: también aúna la corrección de cosas de las que los fans se quejaron en la versión de PC. Adiós principalmente a la casa de subastas que tantos malos comentarios cosechó. El juego se divide en cinco actos, siendo el quinto Reaper of Souls. La manera en la que juntan el final del cuarto con el inicio del quinto es muy acertada y ciertamente no se nota que previamente no existiera. El guion que se nos propone ha recibido ciertas críticas y en viciadosmasmil queremos romper una lanza a favor de Blizzard. Hay muchísimo texto que leer a lo largo de nuestra partida y muchos personajes de los que sacar información. A lo largo de la historia hay traición, sorpresas, confianza, tristeza, esperanza, venganza… Muchos elementos que te meten en una atmósfera muy particular y coherente. Es verdad que no alcanza un nivel memorable, porque hay partes que parecen más bien redactadas para poder dar lugar a lo que va después más que pensadas con un buen ojo literario. Algo que los guionistas del juego deben hacerse mirar para futuras entregas.

Hay muchas cosas que leer y aprender de todos los personajes

Hay muchas cosas que leer y aprender de todos los personajes

Para esta nueva entrega de D3 se incluye una nueva clase, Cruzado, que es la que elegí en mi partida para poder ver sus características. Es un personaje con muy buen equilibrio de ataque, defensa y vitalidad, así que se convierte en una buena garantía a la hora de jugar. Tiene ataques de melé y ataques lejanos, aunque los que más destacan son los lejanos. Algunos de ellos son verdaderamente potentes y espectaculares. Desde que lo puse, no quité aquel en el que usando el triángulo puedes sacar una horda de arqueros que apuntan y disparan a todo lo que tengas alrededor. Encima, su cooldown (tiempo que tardas en poder volver a usarla) es bastante bajo. Tremendamente útil principalmente cuando hay muchos enemigos juntos o cuando no puedes acercarte mucho a tus rivales porque usan muchos ataques cercanos o veneno. Igualmente, siguen estando las demás clases de personajes. D3 es una delicia en cuanto a la evolución del personaje que elijas. Siempre distinto incluso con el mismo tipo de clase de una partida a otra. Hay infinidad de variables que hacen que lo que sucede en una partida no sea así en la siguiente. Gemas que te dan opción de conseguir más oro, o de obtener más magia o mejores armas. Los objetos que caen de los muertos son siempre diversos. Todos estos elementos convierten a D3 en posiblemente el título más re-jugable de PS4, al menos hasta que Destiny demuestre lo contrario.

Sacando dinero a los enemigos con mi personaje de la clase Cruzado

Sacando dinero a los enemigos con mi personaje de la clase Cruzado

D3 tiene como siempre una perspectiva isométrica desde la que vemos a nuestros personajes y el entorno. Es clásica y poco espectacular, pero posiblemente la mejor para la esencia del juego de Blizzard. El mimo por el detalle es una delicia. Los escenarios están llenísimos de detalles, lo que hace que ir por ellos dé una sensación de realismo que no es casualidad. Nos encanta asimismo la apariencia de nuestro personaje, que va cambiando continuamente a lo largo de la partida. Vas cambiando su armadura, arma, escudo, pantalones, botas y muchos más elementos que harán que de un momento a otro creas que vas con otro protagonista. Cuando atacas destacan los efectos de magia, la sangre que sale de los enemigos, sus miembros cortados y la cara de furia de los jefes. Todo ello a 60 imágenes por segundo y 1080p. La fluidez y la frescura de lo que ves en pantalla da gusto. Es esta la gran (e importante) diferencia con las versiones de PS3 y Xbox 360. Dejando a un lado el gameplay en sí, las cinemáticas merecen una mención aparte. Lo más espectacular ahora mismo en cualquier consola. Muy bien pensadas y metidas no solo en el inicio de los actos, sino en distintas partes de ellos. El detalle de fondos, escenarios y personajes es sublime. Una de las demonstraciones de porqué los 1080p eran la evolución necesaria desde los 720p de la pasada generación (obviando al alumno aventajado Gran Turismo).

Una de las muchas cinemáticas, llenas de talento

Una de las muchas cinemáticas, llenas de talento

El apartado sonoro del juego brilla en los efectos de audio. Las magias, los choques con los rivales, el sonido de los pasos, la apertura de puertas… Todo tiene un excelente trabajo detrás que hará que disfrutéis, sobre todo con un buen headset. En cuanto a la música, no podemos decir que sea igual de sobresaliente. No nos malentendáis: no es mala, pero seguramente se podrían haber elegido composiciones más épicas para ciertos momentos, dando así mayor tensión o fuerza. La mayor parte tiene un toque medieval que pega bien con la estética, pero será posiblemente algo en lo que Blizzard trabajará para el futuro Diablo IV.

Si uno ve vídeos de D3 (o de cualquiera de los Diablo) seguramente ronde por su mente la idea de que el juego y sus mecánicas pueden llegar a ser aburridas y repetitivas. Y es lógico que piense así, porque las rutinas vistas desde fuera son planas y cíclicas. Sin embargo, un juego no es una película y no tiene nada que ver verlo con jugarlo. En este sentido estamos más bien en el extremo opuesto: D3, lejos de ser aburrido, es el juego más adictivo del catálogo de PS4 y, sinceramente, de los más adictivos de la historia de este arte. Siempre hay más ganas de buscar objetos, mejorar a tu personaje o explorar los mapas al 100%. Recompensa tanto que hagas todo eso que siempre darán ganas de volver a intentarlo. Este factor adictivo es muchísimo mayor si juegas con más gente. Para mí mejor con un amigo. Siendo dos y hablando por el chat, la experiencia es brutal: ríes, te cansas (de aporrear ataques), luchas, piensas en superarte… Es una delicia. También se puede jugar en cooperativo local con dos mandos, algo que no estaba disponible en las demás versiones. D3 tiene esa magia que pocos títulos atesoran. Cada mazmorra, rincón, jefe o mapa tiene mucho que ofrecer y horas de juego. Y cuando nos acercamos al final (acto V) todo esto es incluso más patente. Los escenarios tienen un diseño incluso mejor (se nota el año en medio de desarrollo entre D3 y Reaper of Souls) y las ansias de ir llegando a matar a Malthael, jefe de este último capítulo, producen una sensación inolvidable. Esta es una baza muy importante, no ya para los usuarios de PS4 que nunca hayan jugado al juego, sino para los que ya lo jugaron en PS3 o PC. A esto hay que sumarle la posibilidad de que los que ya lo disfrutaron en PS3 o en 360 podrán transferir el avance de sus partidas a las nuevas consolas (siempre que sea PS3-PS4 o Xone-X360). El máximo nivel al que puedes llegar es el 70, algo que te llevará bastantes horas. Para subir de nivel tenemos que subir nuestro XP, que se consigue de varias maneras: matando a muchos enemigos en combo, matando enemigos de élite, jefes, etc. Mientras más nivel tienes, más costará llegar al siguiente y la dificultad en la que juegues también afectará a tu velocidad en subir. Para una experiencia completa, recomendamos siempre jugar con la mayor dificultad que permita el juego, algo que se puede cambiar fácilmente pulsando el botón options. Registrando todos los mapas a fondo y jugando siempre en un alto nivel de dificultad, terminé la partida en nivel 63. La progresión del personaje principalmente en el Acto V es un deleite: de empezar con 16.000 puntos de ataque acabé con 73.000, por lo que terminas con un gran sabor de boca, de que tu protagonista ha evolucionado mucho y bien porque la recta final es en la que se hace más maduro.

El Acto V es intenso, largo, desgarrador, satisfactorio...

El Acto V es intenso, largo, desgarrador, satisfactorio…

Los enfrentamientos con los jefes varían en dificultad, hasta el punto de que uno puede ser muy fácil y otros bastante complejos. Hay una carencia en este aspecto que produce una sensación de curva de aprendizaje y de dificultad incorrecta. Es algo bastante subsanado en el último acto, en el que los enemigos se recrudecen y la batalla cobra un carácter muy satisfactorio.

El control era uno de los temas candentes porque los usuarios de PC tenían recelo de que el mando de consola no pudiera si quiera igualar la experiencia que tuvieron en compatibles. Y creo que ese recelo era infundado. D3 tiene un control exquisito en PS4. Los menús son intuitivos, el uso de habilidades está implementado de manera muy acertada en los distintos botones y la sensación global de controlar el juego es de mucha fluidez. Sigue sin usarse el pad táctil de la manera que se debería (apenas sirve para entrar en el menú). Esto es algo que sigue pasando con todos los juegos que salieron después de Killzone: Shadow Fall y es una lástima. Veremos en un futuro cercano cómo evoluciona este aspecto.

COMENTARIOS FINALES

Diablo III Reaper of Souls Ultimate Evil Edition (lo he vuelto a escribir entero) es un grande en el catálogo de PS4. De eso que nadie tenga duda. Hay muy pocas cosas que achacarle y para hacerlo hay que cavar muy hondo. Es adictivo a más no poder, un encanto visual y una delicia controlarlo. Hay muchas horas simplemente para acabar linealmente la historia. El online es sólido y jugar al menos con un amigo se convierte en algo que dobla la diversión. Tiene cooperativo online y local. La historia es coherente y sorpresiva. Se mueve igual de bien que en PC y mucho mejor que en PS3/Xbox 360. Con todos estos argumentos no podemos más que recomendar su compra incluso para aquellos que ya lo hayan jugado en otros formatos. Y es un absoluto imprescindible para los que nunca lo hayan probado. Sin duda, el mejor juego del catálogo de PS4 de lejos, bastante por encima de Watch Dogs o por ejemplo Tomb Raider.

Nota Diablo III

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